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Historia de las villas miseria en Buenos Aires - Parte 1 (*)

Los orígenes de los barrios precarios en la ciudad

Villa 31 - Buenos Aires

Texto y Fotos: Mariano García
@solesdigital

La historia de las villas miseria en Buenos Aires reconoce dos líneas de fuerza que la mayoría de las veces estuvieron enfrentadas, y en muy pocas ocasiones coincidieron.

Por un lado, las distintas corrientes migratorias (internas y externas), que a lo largo del siglo XX modificaron radicalmente el perfil de la ciudad. Por el otro, los intentos de las autoridades municipales y nacionales por encontrar una “solución” –que la mayoría de las veces fue simplemente erradicación e incluso deportación– para el problema que presentaban los asentamientos de familias de bajos recursos que no lograban tener un hogar.

En un principio transitorios o de emergencia, con el correr del tiempo esos barrios se hicieron permanentes, y así surgió una nueva categoría social, el villero, y con ella formas culturales e identidades socio-políticas propias.

En este informe especial, reconstruiremos una historia hasta el momento fragmentada, poco sistematizada y la mayoría de las veces olvidada. Una historia que, si bien tiene una lógica demográfica, no se puede entender sólo con censos de población. Los datos estadísticos dejan numerosos huecos que algunas veces han sido tapados por la literatura, el periodismo y los testimonios orales de sus habitantes.

Las villas miseria, ¿un efecto colateral de la Generación del ‘80?

El crecimiento de las villas de emergencia en el país está directamente relacionado a la gran concentración de población en los núcleos urbanos a causa de las migraciones, tanto externas como internas. Buenos Aires creció por bruscos estirones, en dos momentos bien marcados de su historia.

Entre 1880 y 1910, llegaron a la Argentina cuatro millones de europeos, de los cuales el 60% se radicó en Buenos Aires. Entre 1936 y 1947 más de un millón de personas del interior del país se desplazaron hacia las ciudades, empujadas por los desfavorables términos del intercambio económico interno(1)

A principios del siglo XX, la infraestructura de la ciudad de Buenos Aires no estaba preparada para recibir millones de personas llegadas tanto del interior del país como de ultramar. Cuando en 1886 la Capital Federal incorporó a su jurisdicción las alejadas localidades de Flores y Belgrano, la mayor parte de su superficie era campo.

Desde un punto de vista estructural y demográfico, las villas miseria quizás sean un “efecto colateral” no calculado por el proyecto de país de la Generación del ’80. La gigantesca granja agrícola-ganadera que abastecía de alimentos al mundo industrializado, concentraba sus riquezas en la zona pampeana, sobre todo en la Provincia de Buenos Aires y en la Capital, centro administrativo del país. Como parte de aquel proyecto agroexportador, se fomentó la “europeización” de la población argentina mediante la inmigración, que generó una explosión demográfica. Entre 1895 y 1914 el porcentaje de habitantes nacidos en el extranjero fue superior al 25%, tal como lo muestra el cuadro I.

Cuadro I. Población nativa y no nativa, 1869-1991 (en miles de habitantes y porcentajes).

Fuentes: Lobato y Suriano; Atlas Histórico, p. 570. Indec, Censos Nacionales de Población.

Pero aquellos inmigrantes que Sarmiento imaginaba como colonos de las vastas extensiones de las provincias, a imagen y semejanza de los farmers norteamericanos, terminaron quedándose en la ciudad-puerto a la que habían llegado, a causa del mayor desarrollo económico y las posibilidades laborales. Ya en el Censo de 1914 la población urbana había superado a la rural, en una tendencia que no dejaría de aumentar con el correr del siglo XX, como se aprecia en el Cuadro II.

Cuadro II. Evolución de la población urbana y rural, 1869-1990 (en miles de habitantes y porcentajes).

Fuentes: Lobato y Suriano; Atlas Histórico, p. 568. Indec, Censos Nacionales de Población.
*Resultados provisionales.

La gran concentración de habitantes en zonas urbanas también estuvo alimentada por corrientes migratorias internas. El trazado de las líneas de ferrocarriles del modelo agroexportador del ‘80, concentrado como un embudo en Buenos Aires, facilitó posteriormente la llegada de migrantes desde el interior del país, en un proceso lento que alcanzaría su punto de ebullición en la década del ’40. Pensadas para transportar granos y carnes desde las provincias hacia el puerto, esas líneas ferroviarias permitieron el éxodo de miles de personas, hasta despoblar muchas regiones del país y desbordar a Buenos Aires.

Si se ve la evolución de las estadísticas de población, desde 1869 en adelante, se aprecia cómo el Noroeste del país fue perdiendo progresivamente el peso poblacional que sostuvo hasta 1869. Desde la implementación del proyecto del ’80 en adelante, la orientación hacia las zonas del Atlántico es cada vez más fuerte. Ya en 1865, la región pampeana y el área metropolitana suman el 67% del total, tendencia que empareja a ambas regiones hacia 1960, y se mantiene hasta la actualidad con leves oscilaciones.

Cuadro III. Distribución de la población por regiones 1869-2001 (en porcentajes).

(a) Capital Federal y Gran Buenos Aires.
Fuentes: Lobato y Suriano; Atlas Histórico, p. 565. Indec, Censos Nacionales de Población.

Hasta aquí, los datos demográficos nos dan un primer mapa de cómo se fue generando la estructura urbana que dio lugar a los primeros barrios de emergencia de Buenos Aires, y cómo se mantuvo hasta la actualidad.

De lo que no dan cuenta los números en forma tan exacta es de las decisiones políticas, de las estrategias del Estado para “solucionar el problema”, y de las tácticas de supervivencia de las personas que allí vivieron y viven hasta hoy. Entre las políticas públicas, las presiones de los sectores de poder y las historias de vida de los habitantes de la villa, se desarrolla la siguiente parte de esta historia.

Las primeras villas de la ciudad

En la actualidad no hay un consenso acerca de cuál fue la primera villa miseria de la ciudad. La mayoría de los estudios indican que fue la Villa Esperanza, de 1932, pero se pueden mencionar algunos casos anteriores como antecedentes.

A mediados del siglo XIX se instalaron en lo que hoy es Parque Patricios los Mataderos del Sur de la Convalecencia, que son los que le dieron al barrio el antiguo nombre de Corrales Viejos, ya que las calles Catamarca, Boedo, Chiclana y Famatina se habían cercado con postes y en su interior se faenaba ganado vacuno, porcino y ovino. También se llamó Barrio de Las Ranas (2), por la cantidad de esos batracios que vivían en los numerosos charcos sucios de la zona, y Barrio de Las Latas, porque de latas, chapas, cartones y géneros en desuso eran las casas en que vivían muchos de sus habitantes, desde Cachi hasta Zavaleta.

Es en este mismo lugar donde existió “La Quema”, un vaciadero municipal donde en carro se arrastraba la basura para ser quemada. Ante la necesidad, eran muchos los que acudían a la Quema y revisaban cuidadosamente esa mezcla de excremento y desperdicios para su uso o para obtener alguna ganancia con su venta. A estos antecesores de los cartoneros de hoy se los llamó “quemeros” o “cirujas”, una especie de apócope de cirujano, por la puntillosidad con que revisaban la basura.

Hacia 1890, la ciudad tenía 440.000 habitantes, de los cuales 95.000 vivían en 37.000 casillas de zinc y de madera, de chapa o cartón.

Pero estos casos, si bien son significativos y sentaron un precedente, no fueron vistos como un problema por el resto de la ciudad; seguramente por la ubicación en la que se desarrollaron, lejos de la opulencia del centro de la Capital. Además, la gran mayoría de la inmigración europea llegada entre fines del siglo XIX y principios del XX, encontró una solución a su necesidad de alojamiento en dos formas originales de vivienda, la casa chorizo y el conventillo. Rosa Aboy estima que en este período “como consecuencia de la inmigración europea, alrededor de la cuarta parte de la población (de Buenos Aires) acabó viviendo en conventillos”. (3)

En muchos aspectos, el conventillo anticiparía los conflictos que serían inherentes a las villas miseria, y es una de las primeras experiencias en las que las clases altas se ven incomodadas por la presencia de vecinos pobres.

Después de 1890 el crecimiento de la población agrava el problema de la vivienda para los sectores populares. A pesar de que Buenos Aires se extiende hacia la periferia, formando nuevos barrios donde el trabajador puede aspirar a vivir en una casa modesta, la mayoría de la población obrera vive en la zona céntrica, en los conventillos o casas de inquilinato que proliferan en la ciudad. La histórica Plaza de Mayo se convierte en un poderoso imán para atraer a los inmigrantes pobres y también a los porteños ricos que se ubican en el centro. Los moradores de los conventillos prefieren la plaza a causa de la proximidad a sus trabajos; y allí se radican porque evitan gastos de transporte. Los ricos, aunque se mudan del sur al norte de la plaza, tampoco quieren dejar la zona para irse a vivir a los suburbios. La alta concentración de las instituciones políticas, económicas y sociales en torno a la Plaza de Mayo, así como el prestigio social que la zona encierra, ata a la clase alta al centro de la ciudad. El conventillo y el palacio tipificaban la evolución de los alrededores de Plaza de Mayo” . (4)


Pero a diferencia de las villas, los habitantes del conventillo eran inquilinos. La amenaza que tenían sobre sus cabezas no era la erradicación, sino el alza de los alquileres de las piezas, que en 1907 triplicaban los valores de 1870. Esto provocó una huelga de inquilinos aquel año. Casi 2000 conventillos de la ciudad de Buenos Aires respondieron a la medida de fuerza durante aquel año, en uno de los movimientos sociales más fuertes de principios del siglo XX. El conflicto fue resuelto hacia fines de 1907, pero el problema habitacional recién estaba comenzando.

El 27 de septiembre de 1915 se sancionó la ley 9677, más conocida como Ley Cafferata (en homenaje a su propulsor Juan Cafferata congresista y militante católico), por la que se creó la Comisión Nacional de Casas Baratas (CNCB), a los efectos de construir, a precios sumamente accesibles, viviendas modestas para empleados y obreros. “Con esta medida se pensaba extirpar los perniciosos conventillos que tantos dolores de cabeza estaban creando(5). Este organismo fue el primer ente estatal destinado a dar respuesta a los problemas habitacionales, y es el antecedente inmediato de la autoridad que desde 1956 hasta la actualidad opera sobre las villas miserias, que es la Comisión Municipal de la Vivienda.

Con la construcción de viviendas sociales impulsadas por las leyes Irigoyen (nº 4.824, del año 1905) y la mencionada Cafferata, el Estado dio una solución temporal al problema del alza en los alquileres. Habría que esperar hasta 1929, cuando las consecuencias del crack financiero mundial hicieron impacto en estas alejadas tierras, para que la situación desbordara. Fue durante la Década Infame cuando comenzó a tomar forma el novedoso fenómeno de crecimiento de villas miseria en simultáneo a la modernización de la ciudad.

A principio de la década de los ’30, el flujo inmigratorio ultramarino fue reemplazado paulatinamente por las migraciones internas. La aceleración del proceso de industrialización por sustitución de importaciones, producto de la crisis de 1929, requería abundante mano de obra, que se nutrió de miles de migrantes que se trasladaban desde diversos lugares del interior del país hacia los centros urbanos, especialmente Buenos Aires, y en menor medida Rosario, Córdoba y Santa Fe.

Para 1930 –si bien subsistían algunas zonas vacías– la ciudad de Buenos Aires estaba colmada. Agotada la capacidad de crecimiento poblacional del centro y sus alrededores, creció y se expandió hacia la periferia, impulsando el desarrollo de un cinturón de barrios a un lado y otro de la avenida General Paz, que se terminó de construir en 1941.

La crisis económica y el flujo de migrantes internos daría lugar a contradicciones sociales y urbanísticas que estarían presentes en toda la historia de las villas de Buenos Aires. Pero la inmigración europea no fue ajena a este fenómeno. De hecho, uno de los primeros asentamientos de la década de los ’30 fue la llamada Villa Desocupación, conformada por inmigrantes polacos que recibieron refugio por parte del Estado (6). Se los ubicó en galpones vacíos ubicados en Puerto Nuevo, una zona que sería revitalizada al año siguiente, sin dejar por ello de albergar también barriadas pobres.

En el año 1932, bajo la intendencia de Mariano de Vedia y Mitre y la presidencia de Agustín P. Justo, se reactivó la construcción de Puerto Nuevo. Allí fue donde surgió Villa Esperanza, villa miseria que por su precariedad hacía recordar a la del barrio de Las Ranas, y que continuaba el fenómeno iniciado el año anterior. Semánticamente se había pasado de la “desocupación” a la “esperanza”, pero ese cambio era sólo a nivel simbólico.

Como contracara al surgimiento de los primeros barrios de emergencia de la ciudad, el centro de Buenos Aires se modernizaba. Por esos años, se levantaron los primeros rascacielos del país: el Comega en Corrientes y Leandro N. Alem, y a mediados de la década de los ’30 el Kavanagh, edificio de 120 metros de altura y 31 pisos. El intendente Vedia y Mitre, académico y traductor de poemas ingleses, en su afán de dotar a la ciudad de mayor orden y un plan regulador, también aceleró la apertura de las diagonales Norte y Sur. En la intersección de la Avenida 9 de Julio y Corrientes se erigía el Obelisco.

6/9/2007

Ver Parte 2 / Ver Parte 3

Notas

1) Aboy, Rosa; Viviendas para el pueblo, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2005, pp. 23-24.

2) De aquí surge el término lunfardo "ranero", que se refiere a quien vive en barrios bajos.

3) Aboy, Rosa; op. cit., p. 26.

4) Girbal-Blacha, Noemí; La huelga de inquilinos de 1907 en Buenos Aires, en “Historias de la Ciudad – Una Revista de Buenos Aires”, N° 5, Agosto de 2000.

5) De Lellis, Stella Maris; «La Colectiva»: de Casa Barata a Propiedad Horizontal, en “Historias de la Ciudad – Una Revista de Buenos Aires” N° 14, Marzo de 2002.

6) Blaustein, Eduardo; Prohibido vivir aquí, Comisión Municipal de la Vivienda, Buenos Aires, 2001, p. 15.

(*) Fragmento de la tesina de grado "La villa en los medios y los medios de la villa", Facultad de Ciencias Sociales, Buenos Aires, 2007.

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