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Historia
de las villas miseria en Buenos Aires - Parte 1 (*)
Los
orígenes de los barrios precarios en la ciudad
Por Mariano
García
mariano@octubre.org.ar

Ciudad Oculta,
2007 (Foto: Mariano García)
La historia
de las villas miseria en Buenos Aires reconoce dos líneas de fuerza
que la mayoría de las veces estuvieron enfrentadas, y en muy pocas
ocasiones coincidieron.
Por un
lado, las distintas corrientes migratorias (internas y externas), que a lo
largo del siglo XX modificaron radicalmente el perfil de la ciudad. Por el
otro, los intentos de las autoridades municipales y nacionales por encontrar
una “solución” –que la mayoría de las veces
fue simplemente erradicación e incluso deportación– para
el problema que presentaban los asentamientos de familias de bajos recursos
que no lograban tener un hogar.
En un
principio transitorios o de emergencia, con el correr del tiempo esos barrios
se hicieron permanentes, y así surgió una nueva categoría
social, el villero, y con ella formas culturales e identidades socio-políticas
propias.
En este
informe especial, reconstruiremos una historia hasta el momento fragmentada,
poco sistematizada y la mayoría de las veces olvidada. Una historia
que, si bien tiene una lógica demográfica, no se puede entender
sólo con censos de población. Los datos estadísticos
dejan numerosos huecos que algunas veces han sido tapados por la literatura,
el periodismo y los testimonios orales de sus habitantes.
Las
villas miseria, ¿un efecto colateral de la Generación del ‘80?
El crecimiento
de las villas de emergencia en el país está directamente relacionado
a la gran concentración de población en los núcleos urbanos
a causa de las migraciones, tanto externas como internas. Buenos Aires creció
por bruscos estirones, en dos momentos bien marcados de su historia.
“Entre
1880 y 1910, llegaron a la Argentina cuatro millones de europeos, de los cuales
el 60% se radicó en Buenos Aires. Entre 1936 y 1947 más de un
millón de personas del interior del país se desplazaron hacia
las ciudades, empujadas por los desfavorables términos del intercambio
económico interno” (1)
A principios
del siglo XX, la infraestructura de la ciudad de Buenos Aires no estaba preparada
para recibir millones de personas llegadas tanto del interior del país
como de ultramar. Cuando en 1886 la Capital Federal incorporó a su
jurisdicción las alejadas localidades de Flores y Belgrano, la mayor
parte de su superficie era campo.
Desde
un punto de vista estructural y demográfico, las villas miseria quizás
sean un “efecto colateral” no calculado por el proyecto
de país de la Generación del ’80. La gigantesca granja
agrícola-ganadera que abastecía de alimentos al mundo industrializado,
concentraba sus riquezas en la zona pampeana, sobre todo en la Provincia de
Buenos Aires y en la Capital, centro administrativo del país. Como
parte de aquel proyecto agroexportador, se fomentó la “europeización”
de la población argentina mediante la inmigración, que generó
una explosión demográfica. Entre 1895 y 1914 el porcentaje de
habitantes nacidos en el extranjero fue superior al 25%, tal como lo muestra
el cuadro I.
Cuadro
I. Población nativa y no nativa, 1869-1991 (en miles de habitantes
y porcentajes).

Fuentes:
Lobato y Suriano; Atlas Histórico, p. 570. Indec, Censos Nacionales
de Población.
Pero aquellos
inmigrantes que Sarmiento imaginaba como colonos de las vastas extensiones
de las provincias, a imagen y semejanza de los farmers norteamericanos,
terminaron quedándose en la ciudad-puerto a la que habían llegado,
a causa del mayor desarrollo económico y las posibilidades laborales.
Ya en el Censo de 1914 la población urbana había superado a
la rural, en una tendencia que no dejaría de aumentar con el correr
del siglo XX, como se aprecia en el Cuadro II.
Cuadro
II. Evolución de la población urbana y rural, 1869-1990 (en
miles de habitantes y porcentajes).

Fuentes:
Lobato y Suriano; Atlas Histórico, p. 568. Indec, Censos Nacionales
de Población.
*Resultados provisionales.
La gran
concentración de habitantes en zonas urbanas también estuvo
alimentada por corrientes migratorias internas. El trazado de las líneas
de ferrocarriles del modelo agroexportador del ‘80, concentrado como
un embudo en Buenos Aires, facilitó posteriormente la llegada de migrantes
desde el interior del país, en un proceso lento que alcanzaría
su punto de ebullición en la década del ’40. Pensadas
para transportar granos y carnes desde las provincias hacia el puerto, esas
líneas ferroviarias permitieron el éxodo de miles de personas,
hasta despoblar muchas regiones del país y desbordar a Buenos Aires.
Si se
ve la evolución de las estadísticas de población, desde
1869 en adelante, se aprecia cómo el Noroeste del país fue perdiendo
progresivamente el peso poblacional que sostuvo hasta 1869. Desde la implementación
del proyecto del ’80 en adelante, la orientación hacia las zonas
del Atlántico es cada vez más fuerte. Ya en 1865, la región
pampeana y el área metropolitana suman el 67% del total, tendencia
que empareja a ambas regiones hacia 1960, y se mantiene hasta la actualidad
con leves oscilaciones.
Cuadro
III. Distribución de la población por regiones 1869-2001 (en
porcentajes).

(a)
Capital Federal y Gran Buenos Aires.
Fuentes: Lobato y Suriano; Atlas Histórico, p. 565. Indec, Censos Nacionales
de Población.
Hasta
aquí, los datos demográficos nos dan un primer mapa de cómo
se fue generando la estructura urbana que dio lugar a los primeros barrios
de emergencia de Buenos Aires, y cómo se mantuvo hasta la actualidad.
De lo
que no dan cuenta los números en forma tan exacta es de las decisiones
políticas, de las estrategias del Estado para “solucionar el
problema”, y de las tácticas de supervivencia de las personas
que allí vivieron y viven hasta hoy. Entre las políticas públicas,
las presiones de los sectores de poder y las historias de vida de los habitantes
de la villa, se desarrolla la siguiente parte de esta historia.
Las
primeras villas de la ciudad
En la
actualidad no hay un consenso acerca de cuál fue la primera villa miseria
de la ciudad. La mayoría de los estudios indican que fue la Villa Esperanza,
de 1932, pero se pueden mencionar algunos casos anteriores como antecedentes.
A mediados
del siglo XIX se instalaron en lo que hoy es Parque Patricios los Mataderos
del Sur de la Convalecencia, que son los que le dieron al barrio el antiguo
nombre de Corrales Viejos, ya que las calles Catamarca, Boedo, Chiclana y
Famatina se habían cercado con postes y en su interior se faenaba ganado
vacuno, porcino y ovino. También se llamó Barrio de Las Ranas
(2), por la cantidad de esos batracios que vivían en los numerosos
charcos sucios de la zona, y Barrio de Las Latas, porque de latas, chapas,
cartones y géneros en desuso eran las casas en que vivían muchos
de sus habitantes, desde Cachi hasta Zavaleta.
Es en
este mismo lugar donde existió “La Quema”, un vaciadero
municipal donde en carro se arrastraba la basura para ser quemada. Ante la
necesidad, eran muchos los que acudían a la Quema y revisaban cuidadosamente
esa mezcla de excremento y desperdicios para su uso o para obtener alguna
ganancia con su venta. A estos antecesores de los cartoneros de hoy se los
llamó “quemeros” o “cirujas”, una especie de
apócope de cirujano, por la puntillosidad con que revisaban la basura.
Hacia
1890, la ciudad tenía 440.000 habitantes, de los cuales 95.000 vivían
en 37.000 casillas de zinc y de madera, de chapa o cartón.
Pero estos
casos, si bien son significativos y sentaron un precedente, no fueron vistos
como un problema por el resto de la ciudad; seguramente por la ubicación
en la que se desarrollaron, lejos de la opulencia del centro de la Capital.
Además, la gran mayoría de la inmigración europea llegada
entre fines del siglo XIX y principios del XX, encontró una solución
a su necesidad de alojamiento en dos formas originales de vivienda, la casa
chorizo y el conventillo. Rosa Aboy estima que en este período
“como consecuencia de la inmigración europea, alrededor de la
cuarta parte de la población (de Buenos Aires) acabó viviendo
en conventillos”. (3)
En muchos
aspectos, el conventillo anticiparía los conflictos que serían
inherentes a las villas miseria, y es una de las primeras experiencias en
las que las clases altas se ven incomodadas por la presencia de vecinos pobres.
“Después
de 1890 el crecimiento de la población agrava el problema de la vivienda
para los sectores populares. A pesar de que Buenos Aires se extiende hacia
la periferia, formando nuevos barrios donde el trabajador puede aspirar a
vivir en una casa modesta, la mayoría de la población obrera
vive en la zona céntrica, en los conventillos o casas de inquilinato
que proliferan en la ciudad. La histórica Plaza de Mayo se convierte
en un poderoso imán para atraer a los inmigrantes pobres y también
a los porteños ricos que se ubican en el centro. Los moradores de los
conventillos prefieren la plaza a causa de la proximidad a sus trabajos; y
allí se radican porque evitan gastos de transporte. Los ricos, aunque
se mudan del sur al norte de la plaza, tampoco quieren dejar la zona para
irse a vivir a los suburbios. La alta concentración de las instituciones
políticas, económicas y sociales en torno a la Plaza de Mayo,
así como el prestigio social que la zona encierra, ata a la clase alta
al centro de la ciudad. El conventillo y el palacio tipificaban la evolución
de los alrededores de Plaza de Mayo” . (4)
Pero a diferencia de las villas, los habitantes del conventillo eran inquilinos.
La amenaza que tenían sobre sus cabezas no era la erradicación,
sino el alza de los alquileres de las piezas, que en 1907 triplicaban los
valores de 1870. Esto provocó una huelga de inquilinos aquel año.
Casi 2000 conventillos de la ciudad de Buenos Aires respondieron a la medida
de fuerza durante aquel año, en uno de los movimientos sociales más
fuertes de principios del siglo XX. El conflicto fue resuelto hacia fines
de 1907, pero el problema habitacional recién estaba comenzando.
El 27
de septiembre de 1915 se sancionó la ley 9677, más conocida
como Ley Cafferata (en homenaje a su propulsor Juan Cafferata congresista
y militante católico), por la que se creó la Comisión
Nacional de Casas Baratas (CNCB), a los efectos de construir, a precios sumamente
accesibles, viviendas modestas para empleados y obreros. “Con esta
medida se pensaba extirpar los perniciosos conventillos que tantos dolores
de cabeza estaban creando” (5). Este organismo fue el primer ente
estatal destinado a dar respuesta a los problemas habitacionales, y es el
antecedente inmediato de la autoridad que desde 1956 hasta la actualidad opera
sobre las villas miserias, que es la Comisión Municipal de la Vivienda.
Con la
construcción de viviendas sociales impulsadas por las leyes Irigoyen
(nº 4.824, del año 1905) y la mencionada Cafferata, el Estado
dio una solución temporal al problema del alza en los alquileres. Habría
que esperar hasta 1929, cuando las consecuencias del crack financiero mundial
hicieron impacto en estas alejadas tierras, para que la situación desbordara.
Fue durante la Década Infame cuando comenzó a tomar forma el
novedoso fenómeno de crecimiento de villas miseria en simultáneo
a la modernización de la ciudad.
A principio
de la década de los ’30, el flujo inmigratorio ultramarino fue
reemplazado paulatinamente por las migraciones internas. La aceleración
del proceso de industrialización por sustitución de importaciones,
producto de la crisis de 1929, requería abundante mano de obra, que
se nutrió de miles de migrantes que se trasladaban desde diversos lugares
del interior del país hacia los centros urbanos, especialmente Buenos
Aires, y en menor medida Rosario, Córdoba y Santa Fe.
Para 1930
–si bien subsistían algunas zonas vacías– la ciudad
de Buenos Aires estaba colmada. Agotada la capacidad de crecimiento poblacional
del centro y sus alrededores, creció y se expandió hacia la
periferia, impulsando el desarrollo de un cinturón de barrios a un
lado y otro de la avenida General Paz, que se terminó de construir
en 1941.
La crisis
económica y el flujo de migrantes internos daría lugar a contradicciones
sociales y urbanísticas que estarían presentes en toda la historia
de las villas de Buenos Aires. Pero la inmigración europea no fue ajena
a este fenómeno. De hecho, uno de los primeros asentamientos de la
década de los ’30 fue la llamada Villa Desocupación, conformada
por inmigrantes polacos que recibieron refugio por parte del Estado (6). Se
los ubicó en galpones vacíos ubicados en Puerto Nuevo, una zona
que sería revitalizada al año siguiente, sin dejar por ello
de albergar también barriadas pobres.
En el
año 1932, bajo la intendencia de Mariano de Vedia y Mitre y la presidencia
de Agustín P. Justo, se reactivó la construcción de Puerto
Nuevo. Allí fue donde surgió Villa Esperanza, villa miseria
que por su precariedad hacía recordar a la del barrio de Las Ranas,
y que continuaba el fenómeno iniciado el año anterior. Semánticamente
se había pasado de la “desocupación” a la “esperanza”,
pero ese cambio era sólo a nivel simbólico.
Como contracara
al surgimiento de los primeros barrios de emergencia de la ciudad, el centro
de Buenos Aires se modernizaba. Por esos años, se levantaron los primeros
rascacielos del país: el Comega en Corrientes y Leandro N. Alem, y
a mediados de la década de los ’30 el Kavanagh, edificio de 120
metros de altura y 31 pisos. El intendente Vedia y Mitre, académico
y traductor de poemas ingleses, en su afán de dotar a la ciudad de
mayor orden y un plan regulador, también aceleró la apertura
de las diagonales Norte y Sur. En la intersección de la Avenida 9 de
Julio y Corrientes se erigía el Obelisco.
6/9/2007
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Notas
1) Aboy, Rosa; Viviendas para el pueblo, Fondo de Cultura Económica,
Buenos Aires, 2005, pp. 23-24.
2) De aquí surge el término lunfardo "ranero", que
se refiere a quien vive en barrios bajos.
3) Aboy, Rosa; op. cit., p. 26.
4) Girbal-Blacha, Noemí; La huelga de inquilinos de 1907 en Buenos
Aires, en “Historias de la Ciudad – Una Revista de Buenos
Aires”, N° 5, Agosto de 2000.
5) De Lellis, Stella Maris; «La Colectiva»: de Casa Barata
a Propiedad Horizontal, en “Historias de la Ciudad – Una
Revista de Buenos Aires” N° 14, Marzo de 2002.
6) Blaustein, Eduardo; Prohibido vivir aquí, Comisión
Municipal de la Vivienda, Buenos Aires, 2001, p. 15.
(*)
Fragmento de la tesina de grado "La villa en los medios y los medios
de la villa", Facultad de Ciencias Sociales, Buenos Aires, 2007.
www.solesdigital.com.ar
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