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Juan
Sasturain
Una
vacuna contra la fobia a los libros

Por
Mariano García y Sebastián Ackerman.
Fotos: Mariano García
Los 37
años de labor periodística lo sorprenden a Juan Sasturain con
una popularidad ganada a fuerza de lo que siempre fue su pasión: la
literatura. El éxito de su ciclo “Ver para leer” por Telefé
(donde recomienda libros al público masivo de la TV abierta) y la reciente
reedición de sus novelas por Página/12, lo han puesto en el
centro del escenario del periodismo cultural.
Pero Sasturain
no es sólo una cara en la pantalla y en los afiches de la vía
pública. Profesor de Letras, docente en la UBA y en la Universidad
Nacional de Rosario, ha trabajado durante casi cuatro décadas en diarios
como Clarín, La Opinión, La Razón, Página/12,
Tiempo Argentino, Sur, La Voz; en diferentes revistas (Superhumor, Feriado
Nacional, Fierro 1º y 2º época) y fue guionista de historietas
como Perramus.
Sobre
escritores y periodistas

Con una
trayectoria en medios que muchos periodistas desearían poder contar,
Sasturain se considera al margen de la profesión: “La verdad
es que yo no soy periodista; he laburado mucho en los medios, pero no estudié
periodismo, no tengo vocación periodística. Por vocación
me gusta escribir, y en este país si uno quiere ganarse la vida haciendo
lo que le gusta tiene que trabajar en los medios gráficos, y asociarse
a la Utpba, y por lo tanto te convertís en periodista. Lo digo con
absoluto respeto y admiración por mis compañeros de redacción,
hoy de Página/12. He estado siempre rodeado de grandes periodistas.”
Lejos
de considerarse una excepción, asocia su trayectoria en los medios
gráficos a la de muchos de sus amigos y compañeros de generación.
“Los que ahora tenemos como 60 años –explica–
comenzamos a escribir y pasamos por la facultad en los conmovidos ´60,
y fuimos docentes en los despelotadísimos ´70. Somos la primera
generación de pretendientes escritores que trabajamos muchísimo
en los medios: Osvaldo Soriano, el Negro
Fontanarrosa, el Negro Dolina son impensados fuera de los medios.
Son escritores que llegaron al libro pero no necesariamente empezaron por
el libro, el libro es como un lugar de paso. Pero es el lugar donde yo me
siento más cómodo.”
La profesión
terminó quitándole un poco de esa comodidad del mundo de los
libros, para meterlo de lleno en el vértigo del periodismo diario.
“Yo empecé a laburar adentro de un diario a los 50 años.
Una cosa es laburar en un diario y otra hacer una revista mensual de historietas:
hacer eso es una joda. Yo fui colaborador de Página/12 desde que empezó,
pero hace diez empecé a ir todos los días. Era como un pasante
veterano: tuve que aprender a cerrar a los 50 años.”
Televisión
y cultura de masas

La televisión
también le dio a Juan Sasturain una bienvenida tardía, con Ver
para leer, presentado por Telefé como el “primer
programa sobre literatura de la televisión abierta y privada”
(entiéndase comercial y masiva). Los domingos a la medianoche, el ciclo
ideado por Claudio Villarruel le ofrecía al público que se quedaba
hasta el final de Gran Hermano autores como Cortázar, Charles Dickens,
María Elena Walsh, Maurico Kartún, Armando Discépolo,
Roberto Fontanarrosa, Pablo Neruda, y una larga lista de imprescindibles de
las letras.
Cuenta
la historia que Villarruel le hizo el ofrecimiento a Sasturain en el cumpleaños
de 15 de su hija, proponiéndole un modelo similar a “El show
de los libros” del chileno Antonio Skármeta. “Evidentemente
debe haber sido por la asociación de un pelado de anteojitos –ironiza
el escritor y periodista- y me dijo «¿por qué no lo
hacés vos?», me habrá visto alguna vez charlando en la
tele con alguna soltura, y me lo ofreció. ¡Y por que no! Qué
más lindo que un programa de libros por la tele. Entonces al año
siguiente (el año pasado), me contactan con la productora, y ya estaba
el programa armado: «Va a tener esta estética, y vos vas a hacer
un personaje que le van a pasar cosas y las tenés que resolver con
libros. Cada vez que tengas un problema, lo tenés que resolver con
libros». «¿Vos estás en pedo?», le dije, «¿Te
creés que voy a hacer esta payasada?». Y terminé haciendo
todo, hasta lo peor”.
Fue así
que Sasturain, junto al actor Fabián Arenillas, se encargó de
introducir en el gusto por la literatura al público masivo, en un formato
que combina la ficción, el humor y la divulgación, con una escenografía
que juega con la estética de la historieta, otra de las pasiones del
conductor.
Esta experiencia,
da pie para que Sasturain reflexiones sobre la relación entre lo que
se considera como alta cultura y consumos masivos. “Decía
muchas pelotudeces sobre la televisión. Tenemos tantos prejuicios,
es un preconcepto que uno tiene de acuerdo a su experiencia sobre lo nuevo.
Pero con los fenómenos de los medios masivos hay muchísima ambigüedad,
y hay algunos mecanismos de crítica cultural que, ahora vistos en perspectiva,
son bastante evidentes. Aquello que en el momento se desprecia, con los años
es reivindicado por los mismos sectores culturales: Sandro, Pepe Biondi, el
Negro Olmedo, El Chavo. Cosas que en su momento, si las veían en televisión
te vomitaban al lado. Hoy en día hasta elogian las películas
con Porcel, y son una basura. Olmedo ha hecho cosas buenas, pero también
basura a paladas. Y un caso muy lindo es el de Bolaños, el Chavo. ¡Las
huevadas que se han escrito desde el buen sentido! El Chavo es una comedia
extraordinariamente bien hecha: con personajes creíbles y queribles.”
Y previniéndose
de objeciones que las mentes bien pensantes pueden hacer entre su programa
y el tanque de Telefé, Sasturain aclara: “En la televisión
comercial, ni antes ni ahora la cultura tuvo un espacio importante (cuando
había monopolio estatal te la tenías que comer). Este es un
canal comercial en la que la decisión de hacer un programa como este
no es distinta a la decisión de hacer Gran Hermano o cualquier otro
programa que tenga al aire. Tiene que ser un programa que le funcione.”
La pregunta
que surge, entonces, es si considera que el objetivo divulgativo del programa
se ha cumplido, a lo que Sasturain responde: “Es una especie de
introducción, de vacuna contra la fobia al libro. El programa está
dirigido a quien no lee. La inmensa mayoría que ve el programa es la
gente que está viendo Gran Hermano y se quedan viendo lo que sigue.
Es un programa masivo dirigido a aquel que no lee. Entonces, cuando se menciona
un libro se parte de cero: cuando yo digo Cortázar, abajo dice quién
es Cortázar; no se sobreentiende, no hay una complicidad de información.
Hay una complicidad que creo que es muy valiosa, que es la del placer por
la lectura. Si uno es capaz de transmitir el placer, que es la única
razón por la que uno hace algo, hay que recuperar eso. Si no, vamos
todos a casa.”
Lecturas
y teorías

A lo que
apunta el escritor y periodista es a transmitir la particular relación
que las personas tienen con la literatura. Tal como él lo entiende,
“la experiencia de la lectura es individual, solitaria y silenciosa.
Eso es leer. No tiene nada que ver con la inmensa mayoría de actividades
que tenemos en nuestra experiencia cotidiana. Todo lo hacemos simultáneamente
haciendo otras cosas, generalmente con la presencia del sonido, acompañados
y con un conjunto de estímulos. Para leer tienen que caer los otros
estímulos y exige un alto grado de concentración. La inmensa
mayoría de las actividades que realizamos tienden a dispersar nuestra
atención, tendemos a sentirnos más cómodos cuando estamos
con la atención más dispersa; así es nuestra vida. Entonces,
la lectura se convierte en una experiencia que no es normal y común;
ya no lo es” explica.
Sasturain
no reniega de su formación universitaria, pero no ahorra críticas
para el academicismo que rodea al mundo de las letras. Según él,
“una de las perversiones que nos tiene en un falso dilema es lo
mal que está el sistema educativo: no sirve para nada. De diagnóstico
estamos hartos, hay a patadas. Ya se sabe todo lo que está mal. De
teoría, de diagnósticos, de investigación, estamos hartos.
La realidad está harta de tanto diagnóstico. Esto va a parecer
una provocación antiteórica, pero hay muchos ladrones que viven
de esto; es el aparato que hace que en lugar de operar sobre la realidad,
les basta con tener razón.”
Argumentos
como estos son los que lo llevan a reivindicar el placer por la lectura, antes
que el pesimismo y la sobreinterpretación propios del mundo académico.
Nada nuevo para alguien que ha reivindicado los géneros mal llamados
“menores” (las historietas, la literatura sobre fútbol,
entre otros), mucho antes de que éstos fueran abrazados por la cultura
oficial.
Durante
años fue compañero de ruta de figuras como Osvaldo Soriano,
Roberto Fontanarrosa y Alejandro Dolina. Hoy le toca a Juan Sasturain tomar
la punta en el difícil juego de poner en jaque los prejuicios que separan
la cultura masiva, la popular y la letrada. Una apuesta que no importa si
tiene o no un resultado final, pero que merece ser jugada.
4/12/2007
Notas
relacionadas:
Informe
especial: Roberto Fontanarrosa
www.solesdigital.com.ar
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